DINAMO DE PITESTI 2 SEVILLA FC 0

28-09-66 Pitesti (Rumania). Estadio Nacional de Pitesti. Lleno con 18.000 espectadores en las gradas.

Goles:
1-0, Minuto 1. Marcado por Radu al aprovechar una pésima cesión de Rebellón hacia Mut. Para colmo de males también falló el meta sevillista a la hora de interceptar el balón.

2-0, Minuto 9. Logrado por Naghi al aprovechar un fallo en la entrega propiciado por Felo que inocentemente entregó el balón al rumano Dobrin, este lanza a puerta y a Mut se le escapa el balón, circunstancia que aprovecha Naghi para marcar el segundo y dejar casi sentenciada la eliminatoria.

DÍNAMO DE PITESTI.- Coman, Popescu, Barbu, Stelian, Alteanu, Dobrin, Tircovnicu, Radu, Naghi, Eftime y Turcan.

SEVILLA.- Mut, Eloy, Costa, Rebellón, Felo, Achucarro, Oliveros, Pipi, Lizarralde, Cabral y Dieguez.

Árbitro: Ratko, yugoslavo. Los jueces de línea eran ambos rumano tal como marca la normativa de este campeonato. Se entiende que los jueces de línea barrieran con exceso para casa, pero se entiende menos que el que más barriese fuese el árbitro yugoslavo.

 

GOLES.- Las crónicas escriben sobre este partido que el Dínamo de Pitesti gozó de nueve minutos de oro, los que transcurrieron entre el primer y segundo gol. A partir de ese momento montaron una tela de araña en torno a su buen guardameta Comán que hizo paradas de gran mérito. Pipi y Felo llevaron bien la batuta sevillista que vestía de blanco porque así lo marca el particular reglamente de este torneo, que el equipo de casa es el que está obligado a cambiar, en el caso de coincidencia de colores como era el caso. Pese a que el Sevilla mantenía el balón casi siempre en su poder los jugadores de Barinaga adolecieron en todo momento de exceso de lentitud, por el contrario los rumanos estaban muy bien físicamente y con la moral altisíma por los goles tempraneros logrados.

Oliveros y Dieguez fueron los mejores del Sevilla, pero unas veces por defecto en los metros finales y otras por aciertos defensivos no se encontraba la portería contraria con nitidez y cuando se lograba siempre aparecía el gigante meta Coman para no dejar sorprender y parar todo lo que le llegaba.